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EL DESAFÍO ACTUAL DE LA MEJORA CONTINUA ES INTEGRARSE A LAS RUTINAS DIARIAS Y GENERAR UNA NUEVA FORMA DE TRABAJO MAS EFECTIVA Y CON MEJOR CALIDAD DE VIDA PARA LOS MIEMBROS DE LA ORGANIZACIÓN

martes, 15 de julio de 2014

¿Son comparables los equipos en el deporte y en las empresas?

¿Qué motiva a los equipos?



Muchas veces entrenadores famosos han dado charlas sobre este y otros temas similares en grandes empresas, no sé si esas charlas, más allá de haber sido muy atractivas por la personalidad y fama de los disertantes, han tenido algún efecto práctico en esas organizaciones. Sin embargo, el futbol, en su evento máximo, acaba de mostrarnos nuevamente la importancia del equipo, muchas grandes figuras apenas jugaron tres partidos, me refiero a jugadores de España, Italia, Portugal e Inglaterra, entre otros. En otros casos, se jugaron más partidos pero se terminó humillado, como fue el caso de los jugadores de Brasil. Como contrapartida, Chile, Colombia y Costa Rica, sin demasiadas estrellas, terminaron ovacionados al retornar a sus países, habiendo mostrado un intenso espíritu de equipo.
Y la final…. La jugaron dos selecciones que proponían el trabajo en equipo como eje central de la estrategia y, a su vez, disponían de varias figuras. Tal vez esta combinación explique que hayan llegado a esa instancia.

Pero, ¿qué tiene que ver esto con una empresa?. Si analizamos la esencia del equipo encontramos que se trata de un conjunto de personas con competencias diferenciadas y complementarias que guiados por su líder avanzan en pos de un objetivo compartido. Hagamos la comparación deporte vs. empresa, basados en estas tres cuestiones.

En el equipo de futbol cada uno ocupa un lugar en función de su capacidad y experiencia en ese puesto y, además se entrena para hacerlo cada vez mejor; es muy fácil aceptar que la situación en la empresa es idéntica, las competencias adquiridas le permiten a una persona ocupar una posición u otra y las sucesivas capacitaciones van reforzando y ampliando sus conocimientos.

Como se va a jugar lo define el entrenador y lo charla con sus dirigidos para que entiendan la idea y se convenzan de que esa es la mejor alternativa, a su vez, corrige las desviaciones haciéndoles notar las diferencias en la ejecución con la idea original. Si alguien está cansado o lesionado, el entrenador enviará a alguien para que lo ayude o reemplace en un momento determinado. En la empresa el líder tomará este rol y buscará la mayor cantidad de consensos posible para que el trabajo se haga con convicción y, a su vez, supervisará la tarea para corregir desvíos si hiciera falta. También podrá definir reemplazos, en vacaciones, por enfermedad u otras circunstancias. Hasta aquí no se observan grandes diferencias ni dificultades en el paralelismo.

Seguramente el mayor desafío y quizás la razón más importante para que estas charlas hayan tenido poca aplicación real es el concepto de objetivo compartido, fundamental para el equipo. En el deporte el objetivo es ganar y es fácil pensar que todos coinciden y, por lo tanto es común. Pero, ¿cuál es el objetivo compartido para el equipo en la empresa?, ¿qué significa ganar o cuál es su equivalente en ese ámbito?. Esta es la pregunta clave y el lugar donde todas las comparaciones se pueden debilitar. Si ganar es hacer las cosas bien o muy bien y obtener los mejores resultados económicos, ¿es este un objetivo compartido o interesa principalmente a los accionistas, dueños y altos directivos?; ¿se trata fundamentalmente de seguir manteniendo el empleo?, en este caso el trabajo se parece más a un mal menor que a un objetivo genuino; ¿Es simplemente la satisfacción de haber realizado un buen trabajo?, si estamos hablando solo de una sensación intrínseca, en ese caso, estaríamos llegando solo a algunas personas que responden a este tipo de motivación. 
En definitiva, “generar” genuinos objetivos compartidos, será el gran desafío del equipo en la empresa. Lamentablemente, no parecen existir recetas para lograrlo, pero si observamos los casos donde los equipos parecen funcionar encontramos que el estilo de liderazgo, las comunicaciones interpersonales y el reconocimiento genuino parecen ser, como mínimo, factores a tener en cuenta.

Termino reflexionando que los altos directivos y dueños de las empresas, más allá de escuchar el bonito y seductor discurso de algún director técnico exitosos, tendrán que comenzar a pensar, con mayor generosidad, como se pueden desarrollar verdaderos objetivos compartidos que, además de obtener buenos resultados económicos, aporten a mejorar la calidad de vida de todos los miembros de la organización y hagan su aporte a la sociedad en su conjunto. Si se deciden a “invertir” en esto, tal vez se sorprendan por los resultados que se pueden conseguir.

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